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¿Cuándo tiene más sentido hablar que callar?

145083534 ¿Cuándo tiene más sentido hablar que callar? subjetividad situación Silencio significado sentido común sentido palabra objetividad lenguaje hablar circunstancias callar Hablar tiene sentido cuando, parece informativo, interesante, necesario, urgente, útil, se quiere señalar un paso cerrado, un cruce, un peligro; aclarar un problema o resolver un conflicto. Veamos lo que puede ir variando en este tema.

Lo que varía entre el lenguaje como escritura y el habla es, que en esta última instancia no puede sino estar presente y ante un destinatario concreto. Se habla para el prójimo más inmediato, y ahora el sentido de lo que se dice va a estar medido, en cierta forma, por las circunstancias en que se encuentra quien lo escucha.

¿En qué consiste esta proximidad que hace posible esperar la palabra justa en un tiempo justo también? Por cierto, no en la cercanía física. Cada cual podría estar en lo suyo, hacinados unos con otros, sin esperar nada del vecino. La proximidad en este caso, consiste en creer o saber que se está en lo mismo, ligados por un interés en común, un mismo proyecto, un mismo temor, algo semejante que no está pasando, en relación a algo que si debería pasar. Este es el tiempo común, y no otro. A esta unidad de una misma realidad compartida unánimemente, y que hay que atravesar o enfrentar de alguna manera, es lo que se llama “situación”.

Propiamente hablando no por estar juntos, estamos necesariamente en una misma situación, no hay situaciones “objetivas”. No todo lo que pasa, pasa por el simple hecho de pasar. Hasta una nube por el cielo, es capaz de desencadenar situaciones. Pero para que esto ocurra, aquello que pasa también debe pasarte, alterar, inquietar o amenazar en alguna medida por mínima que sea, un estado de cosas, los planes con los que la subjetividad no contaba hasta ese momento, o tener que contar con lo que no se contaba. Trasgresión incluso ínfima, pero que hace estallar la línea abstracta del tiempo y abre paso a una nueva situación, acaso, absurdamente discontinua, incomposible con la primera, como cuando pierdes momentáneamente tus anteojos.

En resumen, situación es lo que desarticula en alguna medida, la temporalidad continua, la fácil identidad rutinaria, los gestos habituales, y obliga a rehacer o a reprogramar el itinerario de las preocupaciones, a reubicarse.

El que toma la iniciativa al hablar, al salir del silencio, hablará con sentido si reconoce al otro en su situación. Sólo así va a su encuentro en un tiempo común, en un tiempo justo.

La dificultad en definir lo que es el sentido común, tal vez está en que parece haber un tiempo propio, justo para la duración y el advenimiento de cada cosa. En una palabra, en que es inseparable el evento (cualquier evento del ser humano) de su oportunidad. Tiempo de bailar, tiempo de reír, tiempo de llorar.

La virtud de la oportunidad va a ser la que decida cuándo una sonrisa, por el hecho de ir más allá o quedarse más acá del tiempo justo, se vuelve una lisonja o una mueca, o cuándo más allá de qué limites, el silencio puede volverse culpable o embarazoso.

De esta cualidad del tiempo justo deriva, el valor del silencio, el valor del “tiempo de callar”. Conocido es el dicho “el silencio otorga”. Pero, el silencio sabe decir muchas otras cosas. Sabe la suspensión del juicio, expresar la reserva y la duda, la no disponibilidad, el miedo, la resistencia, etc. Pero también sabe decir plenitud. Cuando la realidad está presente sin perspectivas, sin escorzos. A tal punto, que ya no tiene sentido (común), pronunciar palabra alguna.

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